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Las heces incorruptas de Santa Teresa de Jesús, 2016.


A los pocos meses de la muerte de Santa Teresa de Jesús, en el año de 1582, se exhumaron sus restos y su cuerpo apareció incorrupto y en relativo buen estado de conservación. Varias partes de su anatomía fueron desmembradas, como su mano, que forma parte de un relicario que se encuentra en la Iglesia de la Merced, en el sur de España. Es su mano la parte cuyo recorrido a través de la historia mejor conocemos, ya que una vez separada del cuerpo fue entregada a las Carmelitas Descalzas.

Ya en el siglo XX, en tiempos de la guerra civil, anduvo la mano pasando de un bando a otro, hasta que finalmente el Generalísimo la reclamó para sí, dada su enorme devoción religiosa. La tenía en su capilla personal del Palacio del Pardo. Ya sabemos que el Generalísmo no tenía la conciencia de apropiarse de nada ajeno, puesto que tenía el convencimiento de que todo le pertenecía por la gracia de dios.

A la muerte del dictador, las Carmelitas Descalzas se apresuraron a recuperar su relicario, que contenía la mano de Santa Teresa de Jesús.

El desmembramiento del cuerpo de Santa Teresa de Jesús es de especial interés, sin duda digno de estudio: su pie derecho y la parte superior de la mandíbula, están en Roma. Su mano izquierda en Lisboa. El brazo izquierdo y el corazón, en la iglesia de la Anunciación de Alba de Tormes. En el altar mayor de esta misma iglesia, se conserva lo que queda de su cuerpo dentro de un arca de mármol jaspeado. Además se custodían trozos de carne y dedos, esparcidos por todo el territorio español y también en diferentes puntos del extranjero. Todos ellos con fabulosos episodios acerca de su origen, obra y milagros.

Quizás el episodio menos conocido sea el que hace referencia a las heces incorruptas de Santa Teresa de Jesús, por ser elemento de poca elegancia en su exposición. Siempre tuvo poca difusión y menos literatura. No se sabe exactamente quien recogió la muestra, ni cual fue su peregrinación. O quizás compartió algún lugar escondido en la residencia del Generalísimo allá en el Palacio del Pardo. Para así, no alejarse mucho de su mano. Pues ya es sabido que mano y ano se encuentran y coinciden en inumerables ocasiones.

Así por tanto, ésta que ustedes observan aquí, es la materia fecal incorrupta de Santa Teresa de Jesús. Para su entero deleite y devoción.