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Matar mata, 2016.


El lenguaje de la señalización de las cajetillas de tabaco pretende disuadir a sus compradores del consumo de tabaco. La medida no ha sido tan eficiente como se pensaba. Los fumadores han seguido siéndolo, y el único cambio perceptible ha sido que han comprado fundas para insertar las cajetillas y no ver dichos mensajes. A las personas no les asusta morir a consecuencia de fumar, sino que se lo recuerden.

Propongo un lenguaje que reafirme lo obvio hasta convertirlo en algo ridículo. La idea de jugar con un lenguaje deliberadamente delirante, planteando propuestas aparentemente absurdas, solo cobra sentido cuando, sí lo analizamos, podemos constatar que cada una de las frases describen actos que se repiten constantemente cada día en algún lugar del mundo de forma consciente y voluntaria. Y no por ello se corrige dicha actitud. Tal y como hacemos cuando encendemos un cigarrillo.